Clasificación de productos sanitarios

Clasificacion de productos sanitarios

La clasificación de productos sanitarios es uno de los primeros pasos que debe realizar cualquier fabricante antes de iniciar el proceso de marcado CE. No es una decisión menor: la clase asignada condiciona la documentación técnica, la evaluación clínica, el procedimiento de evaluación de la conformidad y la posible intervención de un Organismo Notificado.

Una clasificación incorrecta puede provocar retrasos, documentación insuficiente o una estrategia regulatoria mal planteada. Por eso, antes de comercializar un producto sanitario en la Unión Europea, conviene revisar su finalidad prevista, su modo de uso y sus características técnicas con criterio normativo.

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¿Qué es la clasificación de productos sanitarios?

La clasificación de un producto sanitario consiste en determinar su clase de riesgo según la finalidad prevista declarada por el fabricante y los riesgos asociados a su uso.

En el marco del Reglamento (UE) 2017/745, los productos sanitarios se clasifican en clase I, IIa, IIb y III. La clase I corresponde, de forma general, a productos de menor riesgo, mientras que la clase III se reserva para productos con mayor impacto potencial sobre la salud del paciente o usuario.

El punto clave es que la clasificación no depende solo del “tipo de producto”. Dos productos aparentemente similares pueden tener clases distintas si cambia su finalidad prevista, duración de contacto, invasividad, funcionamiento, lugar de aplicación o las reivindicaciones realizadas por el fabricante.

Por ejemplo, un software que solo almacena información clínica no tendrá la misma consideración que un software destinado a apoyar decisiones diagnósticas o terapéuticas. La finalidad prevista puede cambiar por completo el análisis regulatorio.

Tabla resumen de clases de productos sanitarios

Clase Riesgo orientativo Ejemplos habituales Implicación general
Clase I Bajo Sillas de ruedas, andadores, algunos productos no invasivos Procedimiento menos complejo, salvo excepciones.
Clase I estéril, con función de medición o instrumental quirúrgico reutilizable Bajo con particularidades Instrumental reutilizable, productos estériles o de medición Puede requerir Organismo Notificado para aspectos concretos.
Clase IIa Medio Termómetros digitales, audífonos, determinados productos activos Mayor exigencia documental y evaluación de conformidad.
Clase IIb Medio-alto Preservativos, estimuladores musculares, equipos activos terapéuticos Control más riguroso del diseño, seguridad y documentación.
Clase III Alto Prótesis de mama, implantes cocleares, válvulas cardíacas Máximo nivel de exigencia clínica, técnica y regulatoria.

Importante: Esta tabla es orientativa. La clasificación definitiva debe justificarse en la documentación técnica aplicando las reglas correspondientes.

Normativa vigente para clasificar productos sanitarios

La normativa principal para clasificar productos sanitarios en la Unión Europea es el Reglamento (UE) 2017/745, conocido como MDR. Este reglamento sustituyó al marco anterior basado en directivas y establece los requisitos actuales para la comercialización de productos sanitarios.

En España, el marco nacional se completa con el Real Decreto 192/2023, que regula determinados aspectos nacionales relacionados con productos sanitarios.

Para clasificar un producto, el punto de referencia es el anexo VIII del MDR. Además, la AEMPS remite a criterios como la finalidad prevista, invasividad, duración de contacto, parte del cuerpo afectada o uso de energía. También puede consultarse la guía europea MDCG 2021-24 sobre clasificación de productos sanitarios.

Conviene diferenciar los productos sanitarios regulados por MDR de los productos sanitarios para diagnóstico in vitro, que se regulan por el Reglamento (UE) 2017/746 y siguen un sistema de clasificación diferente.

Conoce más para diferenciar los productos sanitarios para diagnóstico in vitro

Criterios para clasificar un producto sanitario.

Para clasificar correctamente un producto sanitario no basta con buscar un ejemplo parecido. Es necesario analizar el producto desde varios ángulos:

  • Finalidad prevista declarada por el fabricante.
  • Indicaciones de uso.
  • Duración del contacto con el cuerpo.
  • Grado de invasividad.
  • Parte del cuerpo afectada.
  • Funcionamiento activo o no activo.
  • Uso de software.
  • Presencia de sustancias, medicamentos o materiales biológicos.
  • Condición estéril, función de medición o reutilización quirúrgica.

Consejo del experto: antes de aplicar una regla de clasificación, conviene revisar si la finalidad prevista es coherente en todos los documentos del producto. La ficha técnica, instrucciones de uso, etiquetado, web y material comercial deben transmitir el mismo uso previsto. Si en un documento se habla de “bienestar” y en otro de “diagnóstico”, “tratamiento” o “monitorización”, puede haber un problema de cualificación o clasificación que debe resolverse antes de avanzar.

Este punto es especialmente importante porque muchas dudas no nacen del diseño del producto, sino de cómo se comunica su uso. Una frase comercial mal planteada puede acercar el producto a una finalidad médica y modificar el análisis regulatorio.

Ejemplos habituales de productos sanitarios por clase

Los siguientes ejemplos son orientativos y deben revisarse caso por caso.

En los productos sanitarios de clase I suelen encontrarse productos de bajo riesgo, como sillas de ruedas, andadores, camas hospitalarias no activas o determinados productos no invasivos.

En productos sanitarios clase IIa pueden encontrarse termómetros digitales, audífonos, determinados equipos de diagnóstico no invasivo o productos activos con riesgo moderado.

En productos sanitarios clase IIb se incluyen productos con mayor impacto potencial, como preservativos, estimuladores musculares, incubadoras para recién nacidos o determinados equipos terapéuticos activos.

En los productos sanitarios de clase III se sitúan productos de alto riesgo, como prótesis de mama, implantes cocleares, válvulas cardíacas o determinados productos en contacto con el sistema circulatorio central o el sistema nervioso central.

Infografía Clasificación de productos_sanitarios

Errores frecuentes al clasificar productos sanitarios

Uno de los errores más habituales es clasificar el producto por comparación, sin aplicar las reglas del anexo VIII. Los ejemplos ayudan, pero no sustituyen al razonamiento técnico.

Otro error frecuente es no revisar si el producto es realmente un producto sanitario. Que un producto se utilice en un hospital no significa necesariamente que sea producto sanitario. Primero hay que confirmar si encaja en la definición legal.

También es común no diferenciar entre producto sanitario general y producto sanitario para diagnóstico in vitro. Si el producto analiza muestras procedentes del cuerpo humano, puede entrar en el marco IVDR y no en el sistema de clases I, IIa, IIb y III.

Otro punto crítico es el software. No todo software sanitario es producto sanitario, pero si tiene finalidad médica y aporta información para diagnóstico, seguimiento, predicción, pronóstico o tratamiento, debe analizarse con especial cuidado.

Por último, muchas empresas olvidan justificar la clasificación en la documentación técnica. No basta con decir “es clase IIa”: hay que indicar qué regla se ha aplicado y por qué.

Cómo puede ayudarte Omologic con la clasificación de productos sanitarios

En Omologic ayudamos a fabricantes, importadores y empresas del sector sanitario a revisar la clasificación de sus productos con criterio técnico y trazabilidad documental.

Podemos ayudarte a analizar la finalidad prevista, revisar etiquetado e instrucciones de uso, identificar la normativa aplicable, valorar si el producto entra en MDR o IVDR, justificar la regla de clasificación y definir los siguientes pasos para el marcado CE.

Además, según el caso, puede ser necesario revisar otras obligaciones relacionadas:

Preguntas frecuentes sobre clasificación de productos sanitarios

¿Quién debe clasificar un producto sanitario?
La clasificación corresponde al fabricante, que debe justificarla en la documentación técnica aplicando las reglas del MDR.

¿Todos los productos sanitarios necesitan Organismo Notificado?
No todos. Algunos productos de clase I pueden seguir un procedimiento sin intervención de Organismo Notificado, salvo excepciones como productos estériles, con función de medición o instrumental quirúrgico reutilizable. Las clases IIa, IIb y III normalmente requieren su intervención.

¿Puede cambiar la clasificación de un producto sanitario?
Sí. Puede cambiar si se modifica la finalidad prevista, el diseño, las indicaciones, el software, los materiales, la duración de uso o las reivindicaciones comerciales.

¿Un software puede ser producto sanitario?
Sí, si está destinado a una finalidad médica, como diagnóstico, seguimiento, predicción, pronóstico, tratamiento o apoyo a decisiones clínicas.

¿La clasificación es suficiente para obtener el marcado CE?
No. La clasificación es un paso inicial. Después será necesario preparar documentación técnica, evaluación clínica, gestión de riesgos, vigilancia poscomercialización y el procedimiento de evaluación de conformidad aplicable.

¿Omologic puede ayudarme si no sé si mi producto es sanitario?
Sí. Antes de clasificar, podemos ayudarte a revisar si el producto entra realmente en la definición de producto sanitario o si debe analizarse bajo otro marco normativo.

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Autor

  • Bernardo Rivero

    Farmacéutico. Técnico en Certificación CE, gestiona procesos para diversos productos, asegurando el cumplimiento normativo europeo y su aptitud para el mercado.

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